Café, la historia de la máquina de espresso

¿Sabías de que año data la primera cafetera como las que vemos ahora en los cafés y bares? ¿Y por qué se inventaron? ¿Qué es espresso y cómo llegó a dominar nuestras rutinas de la mañana? ¿Y por qué el café preparado con estas máquinas hace una crema que no conseguimos en casa con una cafetera italiana de toda la vida?

Para muchos bebedores de café, espresso es sinónimo de café. Se trata de la más pura destilación del grano de café, la esencia literal de un grano. En otro sentido, también es el primer café instantáneo. Antes del concepto espresso, preparar una taza de café podría llevar mucho tiempo. Pero, ¿qué es espresso y cómo llegó a dominar nuestras rutinas de la mañana?

En primer lugar, y lo más importante, el espresso no es un método para tostar el café. No es ni un grano ni una mezcla. Es un método de preparación. Más específicamente, es un método de preparación en la que un chorro de agua caliente y altamente presurizado pasa por café molido para producir una bebida concentrada de café, con un sabor profundo, robusto.

Se trata de precisión y consistencia, y encontrar el equilibrio perfecto entre la molienda, la temperatura y presión. El Espresso sucede a nivel molecular. Esta es la razón por la tecnología ha sido una parte tan importante del desarrollo histórico de café espresso y una clave para la búsqueda permanente del espresso perfecto. Mientras que espresso nunca fue diseñado por sí mismo, las máquinas para preparar nuestros cappuccinos y lattes tienen una historia que se remonta a más de un siglo.

En el siglo 19, el café era un gran negocio en Europa, con cafeterías floreciendo en todo el continente. Sin embargo, la preparación de café era un proceso lento y, como pasa todavía hoy en día, los clientes a menudo tenían que esperar a su bebida. Viendo una oportunidad, los inventores de toda Europa comenzaron a explorar formas de utilizar las máquinas de vapor para reducir el tiempo de elaboración del café – esta era, después de todo, la era del vapor.

Aunque seguramente hubo innumerables patentes y prototipos, La invención de la máquina y el método que dió paso al espresso se suele atribuir a Angelo Moriondo de Turín, Italia, que obtuvo una patente en 1884 para la “nueva maquinaria de vapor para la confección económica e instantánea de la bebida de café.”

Pier Teresio Arduino fue un inventor con la determinación de encontrar un método de preparar un espresso que no dependiese en exclusiva del vapor.

Pero la persona que finalmente logró mejorar el diseño de las máquinas de café fue el propietario de una cafetería de Milán llamado Achille Gaggia. Gaggia transformó las barrocas máquinas inspiradas en Julio Verne, en unas máquinas de palanca cromadas sacadas de una nave espacial. En la máquina de Gaggia, inventada después de la Segunda Guerra Mundial, el vapor presurizado empujaba el agua dentro de un cilindro que era presurizado con más fuerza por una palanca de piston accionada por el barista. Esto hacía desaparecer la necesidad de grandes calderas. Las máquinas de palanca también estandarizaron el tamaño del espresso. El cilindro en los grupos de palanca sólo podía contener una onza de agua, limitando el volumen que se podría utilizar para preparar un café.

Una anécdota histórica afirma que los primeros consumidores eran reacios a tomar la “basura” que flotaba sobre el café hasta que Gaggia comenzó a referirse a ella como “la crema del café”, lo que sugiere que el café era de tal calidad que producía su propia crema. Con la alta presión y la crema dorada, la máquina de palanca de Gaggia marca el nacimiento del espresso contemporáneo.

Seguramente hay más pasos en el camino, pero estos desarrollos marcan la historia comercial del espresso. Durante más de un siglo, la máquina espresso ha sido drásticamente mejorada, con elementos electrónicos, medidores computerizados, y sistemas neumáticos portables. Pero como ocurre con los más destacados objetos de diseño, la ciencia y la tecnología no son suficientes. Hay una parte de arte en el espresso. El talento del barista es tan importante como la calidad de los granos y la eficiencia de la máquina. “Macinaziones”, el correcto molido del grano, que se debería hacer de forma ideal justo antes de servir la bebida; “Miscela”, la mezcla del café y su tostado, y “Mano”, la pericia del barista, ya que aun con el mejor grano y el equipo más avanzado, el café depende del toque y estilo del barista.
Cuando se combinan de forma apropiada, estas cuatro “Emes”, producen una bebida que es a la vez redonda y elegante, con una ligera y dulce crema flotando sobre el café.

Una bebida compleja con una compleja historia.

Tomado de:  LA HISTORIA DE LA MÁQUINA ESPRESSO